El Periquito Alejandrino (Psittacula eupatria) lleva el nombre del mismísimo Alejandro Magno, quien supuestamente fue el primero en llevarlo a Europa hace más de 2.000 años. Este dato histórico habla por sí solo de la impresión que genera esta magnífica ave: con sus 58 centímetros de longitud —cola incluida— es el mayor de los psitácidos asiáticos y uno de los loros más imponentes disponibles en España.

Su plumaje es una combinación de verde brillante con matices turquesa en la cabeza, una mancha roja carmesí en el hombro (característica exclusiva de los machos adultos) y un collar negro que los machos exhiben a partir de los 2-3 años. Es un ave que provoca admiración instantánea.

Un ave para propietarios con experiencia

El Alejandrino no es un loro para principiantes. Es independiente, tiene una mordedura considerablemente poderosa y establece jerarquías claras con los humanos de su entorno. Necesita un propietario que sepa mantener límites consistentes sin recurrir al castigo —técnica que nunca funciona con los psitácidos y que genera desconfianza duradera.

Con el manejo correcto, el Alejandrino se convierte en un compañero leal y afectuoso que reconoce a cada miembro de la familia y desarrolla rituales de saludo propios. Su inteligencia le permite aprender trucos complejos, abrir mecanismos de cierre de jaulas e incluso anticipar las rutinas de sus cuidadores con asombrosa precisión.

Hábitat y necesidades de espacio

Por su tamaño, el Alejandrino requiere la jaula más grande de todos los loros medianos: mínimo 120×80×150 cm, con perchas de madera dura que soporten el peso y la fuerza de su pico. Las perchas de plástico se dañan rápidamente. Lo ideal es complementar con un árbol de perchas exterior donde pueda estirarse y volar dentro de la habitación.